Cada paso pesa como una batalla.
El barro me sujeta, las sombras me llaman por mi nombre,
y las manos del pasado intentan detenerme.
Pero sigo.
No porque reniegue de lo que fui,
sino porque aprendí a elegir qué recordar.
El pasado guarda heridas… pero también la luz que me trajo hasta aquí.
Solo que ya no vivo allí.
Caminar hacia la libertad no es olvidar,
es honrar lo que me hizo fuerte
y soltar lo que ya no me impulsa.
Cada intento de hundirme me recuerda que sigo vivo.
Cada mano que me agarra es una historia que agradezco… y dejo ir.
He comprendido que la libertad no está al final del camino,
sino en el instante en que decides avanzar,
aunque el peso te hunda,
aunque el miedo me llame.
Camino hacia mi libertad,
no huyendo del pasado,
sino abrazándolo con gratitud y siguiendo adelante.


