martes, 25 de noviembre de 2025

EL RIO DEL DUELO



Dicen que todos, tarde o temprano, llegamos a un río.  

No aparece en los mapas, ni tiene nombre fijo.  

Pero cuando estás frente a él, lo sabes:  

el aire pesa distinto, y el agua no invita… arrastra.


A la orilla llega uno con los bolsillos llenos:  

nombres, fotos, promesas, silencios.  

Y con una sola pregunta que no siempre se formula en voz alta:  

¿Cómo se cruza esto?


Algunos lo intentan bordear,  

otros se sientan a esperar que baje el caudal.  

Pero el río no cede, el rio no acaba.  

Está ahí para ser cruzado.


Hay que entrar.  

Mojarse con la pena,  

nadar con el pecho abierto,  

sentir el frío de lo que ya no está,  

y seguir avanzando… aunque a veces solo flotes.


Del otro lado no hay fuegos artificiales.  

Solo tierra firme.  

Y un silencio distinto:  

uno que no duele… respira.


Porque cruzar no es olvidar.  

Es aprender a vivir con el río a la espalda,  

y la mirada, al frente.