jueves, 27 de noviembre de 2025

RECUPERANDO MI LIBERTAD (TOWARDS MY FREEDOM)


Cada paso pesa como una batalla.
El barro me sujeta, las sombras me llaman por mi nombre,
y las manos del pasado intentan detenerme.

Pero sigo.

No porque reniegue de lo que fui,
sino porque aprendí a elegir qué recordar.
El pasado guarda heridas… pero también la luz que me trajo hasta aquí.
Solo que ya no vivo allí.

Caminar hacia la libertad no es olvidar,
es honrar lo que me hizo fuerte
y soltar lo que ya no me impulsa.

Cada intento de hundirme me recuerda que sigo vivo.
Cada mano que me agarra es una historia que agradezco… y dejo ir.

He comprendido que la libertad no está al final del camino,
sino en el instante en que decides avanzar,
aunque el peso te hunda,
aunque el miedo me llame.

Camino hacia mi libertad,
no huyendo del pasado,
sino abrazándolo con gratitud y siguiendo adelante.




martes, 25 de noviembre de 2025

EL RIO DEL DUELO



Dicen que todos, tarde o temprano, llegamos a un río.  

No aparece en los mapas, ni tiene nombre fijo.  

Pero cuando estás frente a él, lo sabes:  

el aire pesa distinto, y el agua no invita… arrastra.


A la orilla llega uno con los bolsillos llenos:  

nombres, fotos, promesas, silencios.  

Y con una sola pregunta que no siempre se formula en voz alta:  

¿Cómo se cruza esto?


Algunos lo intentan bordear,  

otros se sientan a esperar que baje el caudal.  

Pero el río no cede, el rio no acaba.  

Está ahí para ser cruzado.


Hay que entrar.  

Mojarse con la pena,  

nadar con el pecho abierto,  

sentir el frío de lo que ya no está,  

y seguir avanzando… aunque a veces solo flotes.


Del otro lado no hay fuegos artificiales.  

Solo tierra firme.  

Y un silencio distinto:  

uno que no duele… respira.


Porque cruzar no es olvidar.  

Es aprender a vivir con el río a la espalda,  

y la mirada, al frente.

martes, 4 de noviembre de 2025

ANTE MI DESTINO




"No fue el veneno lo que me hizo fuerte, fue sobrevivir a quienes me lo sirvieron sonriendo"

Pase por el fuego y no me volví ceniza. Aprendí que algunos golpes no vienen de enemigos, sino de manos que te juraban cuidar y querer.

Hoy camino con nuevas cicatrices que de nuevo no escondo, porque son mi historia, memoria y escudo. He dejado de buscar justicia en quien nunca la tuvo; la encontré en seguir vivo, es seguir de pie y continuar con mi vida. El pasado me rompió, pero también afiló toda mi esencia, ahora lo sé:

El destino solo respeta y se inclina ante los que resisten, los que no se rinden

lunes, 27 de octubre de 2025

LA ILUSION DE LA ELECCIÓN: EFECTO ASCH.


En los años 50, un señor llamado Solomon Asch hizo un experimento muy curioso.

Juntó a un grupo de personas para comparar líneas dibujadas en una pizarra. El juego era fácil: había que decir cuál tenía la misma longitud que la línea modelo. Pero había truco: solo uno era participante real; los demás eran cómplices.

Al principio, todos responden bien. Pero luego los cómplices empezaron a equivocarse a propósito.

Y ahí viene lo divertido (o aterrador): el participante real, al ver que todos decían una tontería, terminaba repitiendo la tontería. Sabía que estaba mal, pero igual lo decía. ¿Por qué?

Porque ser diferente da miedo. El cerebro prefiere equivocarse acompañado que tener razón sólo. Eso es lo que somos: criaturas sociales con terror a la soledad.

Preferimos traicionar lo que vemos antes que sentirnos apartados. El silencio del grupo pesa más que la verdad frente a tus ojos.

Piensa en eso. Cada vez que callas una opinión por no discutir, cada vez que publicas algo solo porque “todo el mundo lo comparte”, cuando te ríes de un chiste que no te hace gracia, por no quedar raro. Ahí está Asch, sonriendo desde su laboratorio, diciendo: “Te lo dije.”

La diferencia es que ahora lo hacemos con gusto. No necesitas un dictador para obedecer. Te basta con el miedo a ser señalado. Por eso nos disfrazamos de libres mientras seguimos las reglas del aplauso. Queremos ser únicos, pero sólo dentro de los límites que nos aplauden.

Hasta la rebeldía está de moda. Ser “diferente” es otra forma de encajar. Las ovejas negras solo cambiaron de corral. El sistema ama a los rebeldes que no cambian nada.

Te deja gritar, mientras compres la camiseta con la frase revolucionaria.

Raras veces alguno se levanta y aunque tiemble, prefiere la incomodidad de pensar que la anestesia de seguir. No se siente héroe. Solo no soporta la mentira.

Ese tipo de personas no gritan, no te sermonean. Solo observan, callan y cuando abren la boca, hasta el aire cambia.

Crees que eres libre porque eliges entre diez tipos de zapatillas o cinco ideologías recicladas. Pero la verdadera libertad no está en elegir entre las opciones que te dieron sino en preguntarte quién las puso ahí.

La libertad no es gritar “yo decido”. Es entender por qué decides lo que decides y eso solo pasa cuando te atreves a dudar de ti mismo 

Todo esto ocurre porque la mayoría no quiere libertad.

Solo quiere sentirse libre sin tener que pensar. Por eso el experimento de Asch nunca termina, solo cambia de escenario.

¿Quieres una moraleja?

No hace falta que te rebeles contra el mundo solo que no te vendas tan fácil a la multitud. Porque incluso las ovejas negras siguen siendo ovejas… si solo buscan otro rebaño.


lunes, 13 de octubre de 2025

EL PODER DE ELEGIR

 





EL PODER DE ELEGIR

Cuando decidir es volver a ti (y sostener lo que eliges)

por
Felipe Cantarino Santillana

Elegir parece simple, pero no lo es.

A veces creemos que decidir es cuestión de pensar con calma o de escuchar al corazón, pero no siempre tenemos acceso a esa calma ni a esa claridad.
La mente no siempre elige desde la libertad; a menudo lo hace desde el miedo, desde la costumbre o desde heridas que aún no entendemos.

En el fondo, decidir no es un punto de partida, sino un logro y llegar a hacerlo con conciencia implica haber aprendido a distinguir entre lo que deseas y lo que repites, entre lo que eres y lo que heredaste.

Cada decisión, incluso las pequeñas, deja huella y moldea quién eres, marca el rumbo y revela lo que realmente valoras, aunque no siempre sea lo que dices que valoras.

Y sí, elegir también duele.

Porque elegir implica renunciar y toda renuncia es un pequeño duelo.
Un duelo que aceptamos voluntariamente, un adiós a las vidas que no viviremos y a los caminos que dejamos atrás. Ahí, justo ahí, está el valor.

No se trata sólo de acertar, sino de asumir un compromiso con lo que eliges.
Porque lo que hace que una decisión tenga sentido no es si salió bien o mal, sino que fue tuya. Tuviste el coraje de decir: “esto sí, lo demás no”, sabiendo que la certeza nunca es completa.

Elegir es recuperar el timón (siempre que el timón sea tuyo)

Elegir es un acto de poder, pero no del poder que impone, sino del que se hace responsable.

A veces creemos que al decidir recuperamos el mando de nuestra vida, pero eso solo es cierto cuando la elección nace de la claridad, no de la carencia. De lo contrario, lo que llamamos “decisión” no es más que una reacción disfrazada de libertad.

Por eso, no todas las decisiones son libertad, muchas son solo mecanismos de supervivencia con nombre poético.


Antes de decidir, vale la pena preguntarse:

  • ¿Estoy eligiendo desde la conciencia o desde la necesidad de calmar una emoción?

  • ¿Desde el deseo genuino o desde el miedo a quedarme quieto?

Porque no toda acción es avance y no toda calma es parálisis.

Cuando eliges de verdad, algo cambia, tu forma de hablar, de mirar, de caminar y la manera de relacionarte contigo y con los demás. Elegir es una forma de decirle a la vida:


“Ya no huyo de ti, camino contigo.”


No se trata de acertar, se trata de asumir, de elegir sin garantías de aciertos.
De hecho, a veces elegir duele tanto que parece retroceso, pero incluso ese dolor tiene valor, es la señal de que estás vivo, de que estás sosteniendo tu historia en lugar de huir de ella.

La claridad no llega antes del paso; llega mientras caminas.

Por eso, no busques elegir perfecto: elige el presente, porque elegir no es tener certezas, es atreverte a moverte sin ellas y en ese instante, cuando das un paso con el alma temblando, estás inaugurando una forma distinta de libertad:
la de quien ya no necesita garantías para avanzar.

Para cerrar…

Tal vez hoy no se trate de elegir lo correcto, sino de atreverte a elegir, dejar de esperar el momento ideal y permitirte aprender mientras caminas. Entender está bien, pero entender sin actuar es otra forma de quedarse quieto en el fuego.

No olvides esto, no toda decisión es buena, pero toda decisión consciente te enseña algo sobre quién eres. La madurez no está en elegir perfecto,
sino en sostener lo elegido sin huir de las consecuencias.


Una reflexión final

La elección no siempre te libera al instante, demasiadas veces lo normal es que te rompa primero, pero sólo quien se atreve a romperse puede reconstruir su mundo y su vida con intención.


miércoles, 8 de octubre de 2025

TE ESPERO EN LA CIMA


TE ESPERO EN LA CIMA.

Por:
Felipe Cantarino Santillana

A veces el crecimiento no se parece a una ascensión; se parece más a una huida lenta del infierno. Pero en cada paso, incluso en los torpes, hay algo sagrado: la voluntad de seguir vivo. No hablo de éxito ni de montañas conquistadas. Hablo del instante en el que te das cuenta de que seguir respirando ya es una forma de victoria.

Dicen que para salir del infierno hay que dar un paso en cualquier dirección. Yo lo dí, sin mapa, sin garantía, sin aplausos. Solo tenía el fuego detrás y una gran incertidumbre por delante. Caminé porque quedarme quieto dolía más. Avanzar no fue sólo una elección valiente, fue un reflejo de supervivencia, fue el momento exacto en el que algo dentro de mí decidió seguir vivo.

Con el tiempo descubrí que “dar un paso” no era heroico. A veces significaba levantarse de la cama, responder un mensaje o admitir que necesitaba ayuda. Ninguna epicidad, solo biología, psicología y coraje.

El suelo aún ardía cuando di mi primer paso y fue entonces cuando entendí que el infierno también educa. Me enseñó a distinguir lo que importa de lo que simplemente pesa, a reconocer el valor de la calma y al atravesar lo más duro, dejé de confundir ruido con vida y en ese silencio nuevo apareció algo inesperado: claridad.

Aprendí que a veces lo único que separa a quien se ahoga de quien salva a otro es haber aprendido a flotar. No porque uno sea más fuerte, sino porque ya se hundió antes. No me volví sabio con títulos en resiliencia; sino que curé las cicatrices que me enseñaron dónde están las piedras con las que seguro vas a tropezar. Gracias a eso puedo avisar y prevenir a otros. Ahora cuando veo a alguien caer, reconozco en su mirada mi reflejo. Sé que no necesita consejos, sino compañía y esperanza.

Un día me di cuenta de que podía ayudar a otros a salir de sus infiernos. No sólo es una cima, el verdadero objetivo es aprender a mirar hacia atrás y adelante sin miedo. Cada persona puede subir una misma montaña por lados diferentes; el viento sopla igual para todos, lo que cambia es el peso de la mochila y las razones para seguir subiendo.

En ese camino de ascensión hay que aprender a no temerle al eco de los propios pasos.

He comprendido que mi dolor sólo puede tener sentido si sirve para ayudar a alguien más. No busco que sigan mis huellas, sino que comprendan que todo es posible con las tuyas propias. Yo he asimilado que cada paso que doy, incluso ahora, sigue siendo parte del mismo ascenso, porque la cima no está arriba, está en aprender a ver luz donde antes solo veía fuego.

No hace falta ser gurú. A veces basta con decir, con voz serena y honesta:

“Yo también pasé por ahí y aún sigo caminando.”



martes, 12 de agosto de 2025

ESTO NO LO QUIERO

 


ESTO NO LO QUIERO

Por:
Felipe Cantarino Santillana    

Antes tragaba demasiado. Por educación, por miedo, por aguantar, por encajar en lugares que no eran míos. Me callaba lo que pensaba y aceptaba lo que no quería porque creía que así todo sería más fácil. Me equivocaba. Cada vez que cedía, me borraba un poco más, y un día me di cuenta de que casi no quedaba nada.

Ahora no. No porque me crea mejor que antes, sino porque ya he pagado demasiado caro sostener lo que no merecía ser sostenido. No acepto la autoexigencia que me quiere productivo hasta cuando duermo, ni las sonrisas que no siento, ni las conversaciones que no llevan a ningún sitio, ni los “¿cómo estás?” que son puro trámite social. Dejar de tragarse estas cosas no es rebeldía vacía, es salud mental. Es enseñarle al cuerpo que no debe acostumbrarse a lo que lo envenena.

No lleno mi agenda de compromisos que me alejan de lo que importa, no me siento en reuniones donde todos fingen, no me quedo en relaciones que me obligan a actuar. No acepto el “tienes que estar bien siempre”, ni el “no lo pienses tanto”, ni el “sé fuerte” cuando lo que necesito es llorar. Fingir roba tiempo, y el tiempo es el único recurso que no se recupera. Cada minuto invertido en mantener una máscara es un minuto robado a la vida real, y el reloj no espera.

No me comparo con vidas inventadas en pantallas, no me culpo por descansar, no me avergüenzo por querer algo distinto. No escucho consejos de quien nunca ha pisado el barro que yo he pisado, no cargo expectativas que no firmé y no me dejo moldear por patrones que otros dibujaron.

Porque cada vez que me tragaba todo eso, me tragaba a mí. Y no. Ya no. No lo negocio, no lo justifico, no lo explico para que encaje en la mente de otro. Elijo. Y lo que elijo es vivir sin tragarme mi verdad para no incomodar.

No tienes que cambiarlo todo hoy, pero puedes encender la mecha: decirlo, escribirlo, gritarlo si hace falta. Porque la primera vez que dices “esto no me lo trago más” es la primera vez que respiras sin deuda. Y esa respiración ya es el principio de una vida nueva.


miércoles, 25 de junio de 2025

ELIGE CON CONCIENCIA


 

ELIGE, PERO ELIGE CON CONCIENCIA

Por:
Felipe Cantarino Santillana 

Como coach, no vengo a decirte lo que hacer. No soy tu niñera emocional, ni tu salvavidas eterno. Mi trabajo no es tomarte de la mano y cruzarte la calle. Mi trabajo es mostrarte que vas directo al tráfico, y luego preguntarte por qué demonios insistes en seguir andando como si los coches fueran hologramas.

Puedes hacer lo que quieras, claro. Siempre puedes seguir al “por mis cojones” que grita dentro de ti. Pero cuando te pase por encima la realidad, acuérdate de algo: nadie te empujó. Fuiste tú quien se lanzó.

No esperes que un coach te aplauda el berrinche, ni te dé palmaditas en la espalda mientras te incendias. Un buen coach —uno de verdad— te va a mirar con calma, con respeto, y te va a decir: “Serénate. Piensa. Respira. Decide con la cabeza, no con la víscera.”

Porque hay un momento, siempre hay un momento, en que puedes parar. En que puedes elegir de nuevo. No porque seas débil si cambias, sino porque eres fuerte si lo haces con conciencia.

Escucha la voz que no está intoxicada por el caos del momento. A veces es la tuya, cuando por fin decides callar al ruido interno. Otras veces, es la de alguien que ya ha cruzado la calle, y sabe cuántos fantasmas quedaron atrapados en el asfalto.

Tú decides. Siempre tú. Pero no olvides esto: toda elección trae consecuencias. Y tarde o temprano, tendrás que tomarte un café con ellas.

lunes, 23 de junio de 2025

UNA HISTORIA




UNA HISTORIA

Por:
Felipe Cantarino Santillana 

En 2022, mi nombre se volvió tendencia por las razones equivocadas. Me acusaron en redes de algo que ningún tribunal probó. Me detuvieron durante 30 horas. Vi mi rostro convertido en diana viral, recibí insultos por miles, suposiciones disfrazadas de certezas. Me condenaron antes del juicio. Me callaron antes de escucharme. Y casi pierdo la voz.

Caí. Hondo. Perdí el centro. Caminé por la cuerda floja del pánico, con el suelo desintegrándose bajo mis pies. La incertidumbre fue mi sombra durante más de dos años. Me sentí invisible, desarmado, juzgado por el eco de una mentira que nadie quería cuestionar.

Y aunque me hubiera gustado decir que no me rendí, la verdad es que sí lo hice. Las visitas a urgencias, los psiquiatras, los psicólogos... empezaban a ser parte de mi rutina. No era resiliencia, era encierro. Me estaba girando hacia dentro, pero no para encontrar respuestas, sino para escapar.

Allí, en ese silencio forzado, encontré al niño que sobrevivió a su infancia. A toda la oscuridad que alguna vez me tocó atravesar. Recordé momentos, gestos, decisiones que un día me hicieron seguir adelante. Recordé lo que es el estoicismo. Y por pura casualidad —o tal vez no—, llegué a la mayéutica. Y allí encontré algo que no había en libros ni diplomas. El arte de parirse a uno mismo a través de preguntas que no consuelan, pero liberan. No salí ileso, más bien cicatrizado pero verdadero.

Estudiar la Mayeutika me sirvió, ante todo, para entender qué me estaba pasando. Porque cuando todo se derrumba, ya no necesitas teorías, necesitas sentido. Y el sentido no llega de fuera, se construye desde adentro.

Ahí descubrí que el dolor no siempre viene para destruirte. A veces, viene para reordenarte. Para que abandones la fantasía de ganar y abraces la verdad más cruda: sobrevivir es evolucionar. Adaptarse. Convertirte en alguien que no solo aguanta, sino que transforma el golpe en dirección.

Había cambiado. No porque quisiera. Sino porque ya no podía seguir siendo el mismo. Había aprendido a leer el mundo de otra manera. A acompañar sin imponer. A ver más allá del ruido. A callar para escuchar de verdad.

El día a día se volvió más silencioso en mi cabeza. Dejó de importarme lo que decían y pensaban de mí. Estaba tan ocupado encontrando mis propias respuestas que dejé de escuchar las palabras que venían de fuera. Pasó el tiempo, y llegó la sentencia que lo dejaba todo claro: las mentiras, tarde o temprano, caen por su propio peso. Era un momento importante, sí. No solo porque me exculpaba totalmente, sino porque confirmaba con hechos todo lo que por dentro ya había empezado a construir. Para quien no escucha pero sí juzga, ese papel era credibilidad pura. Ya no era solo una voz que se defendía: era la verdad respaldada por la ley.

Y esa verdad cambiaba las reglas. Ya no era impune atacar, insultar, despreciar por el relato de una persona. Ahora estaban los hechos sobre la mesa. Y con esa nueva coherencia entre lo interno y lo externo, supe que era hora de caminar en otra dirección. Fue ahí cuando decidí formarme para acompañar a otros. Como un hermano mayor en Alcohólicos Anónimos: ya conocía la senda que transcurre por el infierno.

Y, sin darme cuenta, esa mirada ya estaba ayudando a otros. Necesitaba ordenarla, ponerle nombre, y sobre todo, hacerla útil. Porque lo vivido tenía sentido si podía ser compartido.

lunes, 16 de junio de 2025

AFILAR EL HACHA: PREPARARSE


UNA LECCIÓN QUE POCOS VALORAN

Por:
Felipe Cantarino Santillana 

“Si tuviera seis horas para cortar un árbol, dedicaría cuatro a afilar el hacha.”

No esta muy claro si quizás fue un leñador exhausto quien dijo esto, pero se le atribuye a Abraham Lincoln y el mensaje no deja lugar a dudas: sin preparación, el esfuerzo se convierte en desgaste.

Este principio va más allá de la eficiencia. Es la inteligencia aplicada a la energía vital. Es PNL en acción: tu estado interno define tu impacto externo. Si no revisas tus creencias, tu enfoque y tu motivación, acabarás empujando con fuerza donde bastaba dirección.

Piénsalo un momento y mírate. Corriendo entre pendientes, acumulando logros y presiones, convencido de que más acción es mejor estrategia. Y tal vez lo sea… hasta que el cuerpo, la mente o el propósito dicen basta.

En la vida personal: tú eres tu principal herramienta

¿Sientes que todo cuesta el triple? Quizás no es fatiga. Es saturación. Invertir tiempo en ti mismo —reflexionar, planificar, sanar, elegir mejor— no es un lujo: es una necesidad estratégica.
Pregúntate:

1.-¿Qué rutina emocional me drena?
2.-¿Qué decisiones estoy tomando por impulso?
3.-¿Qué pasaría si me tomara un día para reordenar mis prioridades?

En las empresas: no se trata de correr más, sino de pensar mejor

No es raro ver organizaciones con mucho talento y potencial, pero atrapadas en la urgencia. Equipos que ejecutan sin descanso, pero sin tiempo para detenerse a pensar si están yendo en la dirección correcta.

En el mundo comercial, la confianza supera a la velocidad. Y la confianza surge cuando hay claridad, coherencia y visión.
Una empresa bien preparada se suele ver esto:

1.-Prioriza la formación.
2.-Escucha antes de actuar.
3.-Define desde la estrategia, no desde el miedo.

Los equipos que permiten espacios de reflexión avanzan más lejos que los que solo insisten en moverse sin pausa.

Prepararse no es perder tiempo. Es multiplicarlo. Es revisar el propósito, actualizar el enfoque y actuar desde la intención, no desde la urgencia.

“Algunos pasan la vida avanzando sin rumbo, mientras otros descubren que el verdadero poder está en detenerse, pensar y actuar con intención planificada.”

Antes de seguir por inercia, haz una pausa. La intención no es rendirse, sino para volver con el próximo paso claro, firme… y transformador.

Nota importante: "Tampoco caigas en la Parálisis por análisis" es tan malo una cosa como la otra

miércoles, 23 de abril de 2025

PODRIA VIVIR


Podría haber vivido si nuestros caminos jamás
se hubieran cruzado, ahora el presente y el destino
se empeñan en llevarme al sitio donde quererte es
tan necesario como el respirar.

Y respiro. Pero cada aliento lleva tu nombre
grabado en el reverso del silencio.
Como si el aire no bastara sin tu veneno,
como si la ausencia doliera más que la muerte.

Intenté huir de ti con las piernas del orgullo,
pero el alma, traicionera, siempre volvió arrastrándose.
Me dijeron que el amor es libertad,
y yo elegí tus cadenas, sabiendo que dolían.

Podría haber vivido…si,
pero ¿Cómo se sobrevive a alguien
que es al mismo tiempo hogar
y fuego que lo consume todo?